¿Perseguir a la autoridad con sus mentiras o contar historias?

Con estas preguntas acudí atento, este miércoles muy temprano, al Seminario web “Periodismo contra el ‘virus’ de la violencia de género”, que impartió la periodista chilena Mónica González, miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo, con sede en Cartagena de Indias, Colombia.

Comparto con los lectores algunas de las ideas que expuso esta comunicadora, quien actualmente es la defensora de los lectores del periódico El Faro y quien en 2007 fundó y dirigió el Centro de Investigación e Información Periodística (CIPER), con sede en Santiago de Chile.

Mónica González se refirió a este problema de la violencia intrafamiliar contra las mujeres, que se ha acentuado durante el confinamiento por la pandemia, a pesar de que autoridades de todo el mundo niegan los datos.

“Si uno piensa que en Francia aumentó durante el confinamiento 40% la violencia contra las mujeres, uno podría pensar en que ese número creció exponencialmente en América Latina mucho más”, expresó.

Durante la transmisión por GoTo Webinar y Facebook, Alejandra Leal, de México, le preguntó que ¿cuáles serían los elementos principales para una política efectiva contra la violencia hacia las mujeres en la pandemia?, señalando que aquí el gobierno niega, a pesar de las cifras, un aumento de esta violencia.

“No es el único país donde se niega, contestó González. En el Continente es un factor que se repite, por lo tanto tenemos que buscar cómo entregar esas cifras, buscar los organismos, las ONG, y buscar los perfiles de los agresores.

“La impunidad de la violencia en México es horrorosa, con el caso de Fátima que lo conocimos hace poco, fue terrible. Hay condicionantes que son espantosos. Hay más de 4 millones de mujeres que no saben leer ni escribir en México. Es decir, carecen de las herramientas elementales para defenderse.

“¿Y la justicia?, preguntó, para contar que ella conoció historias en El Salvador con testimonios de hombres que violaban y cuando los llevaban a la justicia decían: “la violé porque a ella le gusta, eso les gusta, la violé por amor, porque yo la amo y ella me ama, la violé porque es mía. “Tenemos que desarmar el perfil, propuso; desmenuzarlo, armarlo, el perfil del violador, el perfil de los jueces que dejan en libertad a los violadores. Las autoridades que no cumplen su papel y los sectores donde hay más violencia”, refirió.

La autora de La Conjura, Los mil y un días del golpe (2000) dijo que en tiempos de la dictadura en Chile inventaron el sistema de que las mujeres llevaban un silbato. Con esa herramienta una mujer avisaba cuando un hombre la estaba maltratando o quería abusarla.

“Eso tenemos que recuperarlo, tenemos que ser nosotros las que defendamos a nuestras hermanas de la violencia. Tenemos que ser nosotras las que inventemos sistemas de defensa, las que exijamos en el Congreso medidas concretas, penas de cárcel mucho más fuertes, para aquellos que matan mujeres, pero ¿por qué las matan? Porque los machos se sienten inseguros, se sienten atacados.

“El periodismo, si quiere ser agente de cambio, tiene que mostrar las debilidades. Tiene que mostrar que los hombres pueden ser mucho más felices si conquistan a una mujer, que violándola, precisó. Además, añadió, “enfrentar el miedo. Desde chiquititas nos han enseñado que somos culpables, porque mostramos nuestro cuerpo, que somos culpables por despertar el deseo… no es verdad. Esa es la cultura que hay que despedazar, que nos han inculcado nuestras propias madres. El miedo, la estructura del miedo. ¿Por qué callamos, por qué obedecemos, por qué acatamos?.

“Gabriel García Márquez —comentó— nos enseñó que el principal capital del periodista en emergencia es enfrentar la emergencia con historias, con la verdad, con el pulso de la calle aquí (muestra muñecas, corazón y cabeza). Nos decía que es una obligación del periodismo enfrentar la crisis entre vida y muerte y estamos en eso, pero lo tenemos que hacer con historias.

“¡Salgamos! Si ya estamos en la calle, ¿qué preferimos? Perseguir a una autoridad que me cuenta mentiras, arriesgando el contagio o ir al encuentro de las historias que están clamando porque las contemos. No podemos seguir colocando cifras. Hay que hacerlas chillar.

“Quizá estamos atravesando uno de los momentos más oscuros de nuestra historia y esta vez todos juntos. Es este momento en que el periodismo se convierte en el cordón umbilical que une a los ciudadanos que están asustados, en la incertidumbre total, muchos en la oscuridad, enfrentando el hambre, el colapso hospitalario, sin saber qué hacer hacia adelante y el periodismo debe convertirse en esta arma fundamental”.

Nos vemos los jueves

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