Las críticas no se han hecho esperar, sobre todo por el doble mensaje que como mandatario envía a sus fieles en todo el país.

Y no se trata de que esté realizando una gira de trabajo en el momento más álgido de la pandemia de Covid-19, sino más bien de cómo lo hace.

Así es, el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió iniciar la etapa de la nueva normalidad con una gira de trabajo por el sur-sureste del país.

Anunció que retomaría esa actividad cumpliendo con los protocolos que marcan los especialistas para esta etapa del pico más alto en el número de personas contagiadas y fallecidas.

De esa forma, desde el lunes pasado recorre varios estados, entre los que está incluido Veracruz.

El primer doble mensaje que resaltaron sus críticos es precisamente que una de las recomendaciones es que la gente no salga, que se mantenga en confinamiento, salvo que sea esencial lo que tenga que hacer en la calle.

López Obrador quiso salir de gira para dar banderazos de inicio de obras y hacer, personalmente, anuncios de beneficios y apoyos.

Diga usted, asiduo lector, si esta actividad presidencial está dentro de las clasificadas como esenciales.

Hay un segundo mensaje contradictorio de Andrés Manuel cuando su gobierno está ordenando el uso del cubrebocas para todos aquellos que deben salir a la calle y él no lo usa.

Hay quienes aseguran que está influyendo en la gente que sale a los centros comerciales, a las calles, a los mercados, a las plazas públicas y a otros lugares sin protegerse.

Consciente o inconscientemente estas personas imitan al presidente a quien estarían tomando como ejemplo para creer, pensar y decir que no pasa nada y que cada quien puede andar como quiera.

Muchos seguidores de AMLO no cuestionan si está bien o mal lo que hace, simplemente lo imitan, lo que debería llevar al mandatario a preguntarse si no estará contribuyendo a que la gente rompa el confinamiento sin atender las medidas sanitarias que ordena su propio gobierno.

El riesgo es que los casos de contagiados y muertos por coronavirus aumenten de manera exponencial y que el pico de la curva sea más alto del esperado.

¡Cuidado!

GÓMEZ CAZARÍN Y LA REFORMA CONSTITUCIONAL

Comentábamos en este espacio que la reforma constitucional está en manos de los alcaldes y sus ayuntamientos y que Morena no la tiene fácil, sobre todo por el número de municipios que gobierna.

Como se sabe, para lograr la aprobación de dicha reforma se requiere por lo menos del respaldo de 107 de los 212 cabildos veracruzanos y hasta ayer, según se dio a conocer, sólo 80 la habían aprobado.

O sea que para lograr el mínimo faltaría el voto favorable de 27 ayuntamientos o bien, que varios de ellos “caigan” en la llamada afirmativa ficta, figura que cobra vigencia cuando un ayuntamiento no envía su respuesta al Congreso local dentro del plazo que establece la ley, que en este caso es de 30 días naturales, como lo señala el artículo 84 de la Constitución Política local.

Mal se vería el coordinador de la banca de Morena en el Congreso local, Juan Javier Gómez Cazarín, si no es capaz de convencer a los alcaldes de aprobar dicha reforma o de recurrir a la afirmativa ficta.

O sea que la aprobación de la reforma no está en manos de los alcaldes, sino en las del coordinador de la Jucopo.

Hay que recordar que la misma Constitución establece que la Ley Electoral se puede cambiar a más tardar 90 días antes de la elección y que artículo 169 del Código Electoral indica que el proceso electoral arrancará a más tardar el 10 de noviembre previo al año de la elección.

Es decir, se reduce el tiempo para que la Cámara de Diputados aterrice los cambios en la ley secundaria que regula los comicios y tiene como fecha límite el 31 de julio.

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