Arma de doble filo / ÓSCAR PEDRO REYES CASTELÁN

Acéptese o no, hay evidencia de que existen y se extienden en varias zonas del estado grupos de “autodefensa”, que han surgido por la presencia de cárteles delictivos.

La gran interrogante es si están formándose y armándose para apoyar a la población, como tratan de justificarlo, o por el contrario se convierten en brazos armados de esas bandas delictivas a las que dicen combatir. Hay antecedentes, consignados en medios de comunicación, de su presencia en Tlalixcoyan, Emiliano Zapata, la sierra de Papantla, Acultzingo, Calcahualco, incluso han reportado que en algunos fraccionamientos en el puerto de Veracruz, y más recientemente en Zongolica. Ellos vigilan entradas y salidas a esas poblaciones, y ese control les sirve para evitar secuestros, extorsiones y crímenes, según han dicho, pero también para impedir el paso de patrullajes de la policía, Marina o el Ejército, cuyos elementos no pocas veces han sido agredidos físicamente y sus unidades destruidas, hechos que se ven con mayor frecuencia en varios estados de la República. La proliferación de esa gente armada, prohibido en la ley, así fuera para defender a las poblaciones inermes ante aumento desproporcionado de la delincuencia, se ha convertido en un arma de doble filo y un dolor de cabeza para el gobierno, que inútilmente sigue negando su existencia. La mayoría de estas “autodefensas” se han organizado en un Frente Nacional de Autodefensas que, según un video difundido en redes sociales en agosto pasado, tienen ramificaciones en 28 entidades del país. Lo grave es que no hay manera de evitar que sigan surgiendo estos grupos debido a la insuficiencia de recursos para ampliar la base policiaca en el estado, pero sobre todo en los municipios, profesionalizar y certificar a los uniformados y dotarlos con armamento adecuado y suficiente, además de la disposición de recursos tecnológicos para garantizar la seguridad de las personas. De este tema, precisamente, acaba de hablar el secretario de Seguridad Pública, Hugo Gutiérrez Maldonado, aunque más que analizar este fenómeno que no es exclusivo de la entidad, sino de alcance nacional, lo que hizo fue tratar de minimizarlo. Bromeó diciendo que cuando algunos grupos de autodefensa han tratado de ingresar al estado, “salen asustados huyendo”, en referencia a que la policía de Seguridad Pública está pendiente de todo acto ajeno a la ley y de inmediato se percatan de todo cuanto sucede en Veracruz, para evitar estos brotes. Nada más alejado de la verdad. “No vamos a permitir que ningún grupo que se llame autodefensa, o cualquier (otro) grupo que no cumpla con la ley, hacernos de la ‘vista gorda’. Nosotros vamos a detenerlos, en esta ocasión desgraciadamente no pudimos, pero sí pudimos quitarle la camioneta y ponerla a disposición de la Fiscalía General del Estado”, dijo el secretario Gutiérrez. La realidad lo rebasa. Hay documentados estos surgimientos, y lo que en realidad debe ocupar al titular de la SSP, es verificar dónde están operando, qué armas utilizan, y en realidad a quiénes sirven. En todo caso, conviene dialogar y, hasta donde la ley lo permite, incorporar a esos pobladores en policías. Con subestimar no podrá resolverse el problema. Es un asunto delicado que tiene a convertirse en un polvorín para la seguridad pública, ya de por sí deteriorada.