PRI, ¿Cómo Ave Fénix?

CAMALEÓN

PRI, ¿Cómo Ave Fénix?

El 8 de septiembre elegirá el PRI su dirigencia nacional en un entorno particularmente difícil, obligado a cambiar el método de elección por delegados a consulta a la base de cuya implementación resultará fortalecido o multiplica los pesares de su existencia, exacerbados tras la descomunal derrota de julio pasado.

Según uno de quienes aspiran a dirigir al PRI, el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno, el Partido aún no toca fondo, pero lo hará el próximo dos de junio cuando se conozcan los resultados electorales en Baja California y Puebla, donde se celebran elecciones para gobernador. Si nos atenemos al resultado de la consulta realizada por Buendía& Laredo, el candidato priista en la entidad norteña tiene solo el 4 por ciento de la intención del voto, contra el 41 del candidato de Morena, el 16 del panista y el 5.0 del perredista, ya podemos imaginarnos la bajísima proporción de votos que obtendrá el PRI. En Puebla, Barbosa, de Morena, va muy arriba y el PRI apenas figura, está lejos del candidato panista, que difícilmente alcanzaría el triunfo. El PAN tiene oportunidad electoral en Aguascalientes, donde se eligen 11 alcaldes y pudiera ganar la mayoría. En Tamaulipas y Quintana Roo se eligen diputados, Morena pudiera sumar dos Congresos locales más a su cuenta para controlar ahora 23, y dos gubernaturas para llegar a siete. El PAN perdería dos entidades federativas, y quedaría con 10 gubernaturas, el PRI tiene 12, que pudieran mermar considerablemente en la elección federal de 2021 en que estarán en juego 500 diputados federales, 13 gubernaturas y 24 congresos locales.

El golpe recibido por el PRI en la elección federal de julio pasado fue de tal contundencia que su elite directiva ha tardado en deglutir la derrota y asimilar la dura realidad después del penoso nocaut. Para esta organización de antología política debe ser atosigante digerir que en la próxima elección del dos de junio lucha, no por ganar la elección, sino para no perder el registro en Baja California Sur y en Puebla, pero, además, tiene encima la elección de su presidente nacional, un proceso de pronóstico reservado y, por si no bastara, ha debido reconocer ante el INE un padrón de solo un millón 159 mil militantes, y no los seis millones 545 mil que presumió como fuerza política en la elección de julio pasado. ¿Se quedará así de chiquito?

Lejos está el PRI de la condición hegemónica que disfrutó durante décadas, aunque tiene un lugar en la historia del México del siglo XX y ésta difícilmente se explicaría sin su participación político-electoral, parecería estar en el umbral de su existencia, al menos ya no pinta, no al menos en sus actuales circunstancias. Logró resurgir tras la derrota de 2000 porque conservaba dominio territorial en el país a través de 21 gobernadores, pero en las actuales circunstancias ese escenario ha variado, ya no cuenta con Veracruz, Puebla ni Jalisco, y en el Estado de México el gobernador priista no cuenta ni con el Congreso local dominado por Morena, ni con gran número de municipios importantes gobernados por ese partido. No, el PRI ya no tiene el trampolín de los gobernadores como antaño, y le será difícil conservar los 12 que actualmente gobierna.

Esas son algunas de las circunstancias adversas al PRI en materia de patrimonio político, hay, sin embargo, un elemento de mayor peso y que se resume en la interrogante ¿Por qué ganó MORENA la elección presidencial en julio pasado? La respuesta está en el escenario socioeconómico del país. Al resurgir a la presidencia en 2012 llevando como abanderado a Enrique Peña Nieto se divisaba una perspectiva optimista, fortalecida por el Pacto por México gracias al cual se lograron concretar reformas constitucionales que ni Fox ni Calderón habían alcanzado. Peña, el priista, era el reformador de México, el presidente del México Moderno. Pero ese escenario no permaneció en cartelera por mucho tiempo.

Durante los seis años de gobierno peñista surgieron a luz pública las lacras subyacentes de nuestro folklor político, en corrientes encontradas, del centro a la periferia y de la periferia al centro. A Peña lo desnudó la Casa Blanca, Ayotzinapa y Tlatlaya, y desde la periferia surgieron los jinetes del apocalipsis priista. En Nayarit, Roberto Sandoval, Humberto Moreira, en Coahuila, Duarte de Ochoa, en Veracruz, Cesar Duarte, en Chihuahua, Roberto Borge en Quintana Roo, retozaban libremente con cargo a la filosofía del uso patrimonialista del poder sin que desde el Centro ni desde el PRI encontraran freno, lo peor, acaso recibían estímulo y seguridades de impunidad.

Son muestra cabal de la descomposición de un régimen político y explica con elocuencia contundente porque la ciudadanía mexicana volcó su voluntad electoral a favor de Andrés Manuel López Obrador, quien postuló la esperanza del cambio. Esos ex mandatarios constituyen la pesada lápida contra Peña Nieto, que no quiso o no supo ponerles freno y escarmiento a quienes desde el poder esquilmaban a sus respectivas entidades. Los resultados ya los conocemos: López Obrador es presidente, Peña Nieto pena en el desprestigio, Javier Duarte y Borge en la Cárcel, el de Chihuahua se esconde y a Sandoval se le abrieron 16 carpetas de investigación y la Fiscalía de Nayarit aseguró sus bienes, más lo que se le acumule.

Como siempre, perdió el pueblo bueno y sabio, porque su faceta ciudadana decidió por un cambio a través de la única opción que le garantizaba que no habría más de lo mismo. Lamentablemente, no todo cambio implica mejoría, y lo que hasta ahora hemos observado no despierta optimismo.

Pero allí está el PRI, en crisis existencial ¿se levantará cual Ave Fénix? Lo más seguro es que quién sabe.

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19- mayo- 2019