APUNTES | El PRI que hoy vemos morir

“Luchemos por alcanzar, incansablemente, nuestros ideales” Cuitláhuac García Jiménez

Cuando menos 48 de los más de cincuenta años que llevamos de ejercicio periodístico ininterrumpido, lo hicimos conviviendo con funcionarios emanados del Partido Revolucionario Institucional y con políticos militantes de ese instituto político.

Lo conocimos desde sus entrañas, cuando los veracruzanos más brillantes dedicados a la política basaban su capital político en los resultados que iban acumulando de actividades dentro de la administración pública como de logros en lo político.

Cuando iniciamos nuestro trabajo profesional como periodistas nos tocó escuchar oradores extraordinarios que improvisaban un discurso, sobre el tema que fuera, en un momento. Nos tocó escuchar ponencias sobre temas variados en los que la acrisolada cultura de los políticos nos dejaba mudos. La nota siempre salía de una de esas piezas y eran, sin lugar a dudas, la principal en nuestro medio al día siguiente.

Doña Delia de la Paz Rebolledo, ilustre política coatepecana, impedía el paso a corrientes feministas innecesarias porque con sus actuaciones demostraban que la mujer eran tan, o más, capaz que cualquier hombre, junto con Julieta Alonso López y otras valientes mujeres más, de aquellos tiempos, ocupaban la tribuna y a dar lecciones de oratoria y cultura general.

Y qué decir de un Fernando López Arias, o un Jesús Reyes Heroles, a un Manuel Carbonell de la Hoz, un Mario Hernández Posadas o un Manuel Ramos Gurrión, todos ellos tribunos profesionales de una gran presencia ideológica.

No podemos dejar fuera de esta mención a Gonzalo Aguirre Beltrán, a José Luis Melgarejo Vivanco o a Luis Espinosa Gorozpe. Y qué decir de Carlos Domínguez Millán, Lorenzo Casarín Uscanga, Angel Hermida, Raúl Contreras Ferto, Rodolfo Duarte Rivas, Lauro Altamirano Jácome, Fluvio Vista Altamirano, María de la Luz Gutiérrez, Juan Maldonado Pereda, Mario Vargas Saldaña o Demetrio Ruiz Malerva. Y más recientes, a don Fernando Gutiérrez Barrios,  Dante Delgado Rannauro, Fernando Córdoba Lobo, Guillermo Héctor Zúñiga Martínez, Julio Patiño Rodríguez y tantos políticos más cuyos nombres escapan a nuestra traidora memoria, de quienes guardamos la mejor de las opiniones y, por qué no decirlo, gran admiración.

Que por qué eran admirables, porque la política la practicaban como una vocación personal, se trataba de una vocación de servicio a sus conciudadanos y, junto con ello, un afán de cooperar a lograr la grandeza de su estado y de su país. Las riquezas, la abundancia, eran, aunque no lo crean, cosas secundarias o que no estaban consideradas en su profesión. Los ricos eran los empresarios, los ganaderos, los que se dedicaban a las cuestiones económicas, pero los políticos permanecían ajenos a esas ambiciones mundanas.

Un día, siendo un servidor secretario de prensa y propaganda del CDE del PRI, por una petición expresa del gobernador Fernando Gutiérrez Barrios, el entonces presidente del CDE, Jorge Uscanga Escobar, nos mostró una foto que él guardaba como trofeo, o más bien, material didáctico: “Mira cómo se forja un priista”, nos dijo, y en ella aparecía el político de El Higo, Nicodemus Santos Luck, disfrazado de militar, cargando una urna electoral, de cuando el gobierno federal decidió dejar en manos del ejército ese material a fin de garantizar su seguridad. Nijodemus, como le decíamos, hacía la chamba de su partido rellenando urnas dentro de las instalaciones militares disfrazado de militar. Jorge nos completó la lección afirmando que el escalafón de un buen priista comienza con pintar bardas, colgar pasacalles con propaganda, pendones y todo tipo de propaganda, y de ahí hasta llegar a la presidencia de la república con base en méritos ganados en el campo de batalla.

Tenía la costumbre de enviar a Ubaldo Flores Alpizar a pasar la charola, más bien maleta, a lo largo y ancho del estado, con dirigentes ganaderos, empresariales, campesinos, del sector popular y todos los que pudieran cooperar para que contribuyeran con el partido, de tal forma que cuando fuera necesario el PRI abanderaría a los que ellos propusieran: negocios redondos con la venta de las candidaturas.

Esta última parte del priismo que nos tocó vivir de cerca es la que inició el derrumbe de ese instituto político, el de los corruptos que cambiaron la vocación de servicio por la de servirse y hacerse millonarios usando las siglas del PRI, que eran sinónimo de triunfo. Luego llegaron los fidelistas y las cosas empeoraron, no solo se acrecentaron sino se diversificaron porque metieron a miembros de la delincuencia organizada para lavar dinero, hacerlos candidatos y autoridades, protegerlos en sus tropelías contra los ciudadanos, y la imagen de un partido que luchaba por el poder se derrumbó. Los culpables de esta debacle son, curiosamente, los mismos que hoy se ponen al frente para reconstruir lo que ellos hicieron trizas. Los Cabezas de Lata, los Chilis Willis, los mexiquenses con cirugías plásticas, las cabezas de peligrosas bandas de defraudadoras de estancias infantiles y, obviamente, las que han gastado sus encantos a cambio de carguitos de poca importancia pero salarios abundantes.

Cuánta diferencia de los priistas que conocimos hace cuando menos 48 años, a los de ahora… Punta de delincuentes cínicos.

Para hostigar a empresarios, Fuerza Civil en Martínez

Mientras en los límites de Martínez de la Torre y Tlapacoyan aparecían los cuerpos inertes de cuatro hombres semidesnudos que fueron torturados antes de ser asesinados, entre ellos el de un taxista de la capital de los cítricos, en la ciudad los miembros de la Fuerza Civil enviados por la Secretaría de Seguridad Pública ante la insuficiencia de elementos de la policía municipal, se dedicaban a detener los vehículos de empresarios locales, obligados a contratar escoltas para salvar el pellejo ante el crecimiento de la violencia criminal que nadie está dispuesto a combatir.

La mañana de este lunes, fueron detenidas dos personas a bordo de una camioneta Chevrolet, tipo Tahoe, color gris, quienes portaban armas de fuego. La detención se dio en el libramiento de Martínez de la Torre, donde oficiales de la Fuerza Civil, tras marcarles el alto, aplicaron una “revisión de rutina”, decomisándoles dos armas de fuego, una de las cuales no contaba con permiso de portación de arma. La camioneta y los hombres intervenidos fueron llevados a la comandancia para ser puestos a disposición de las autoridades investigadoras.

Trascendió que la camioneta y detenidos son escoltas de un conocido empresario de Martínez de la Torre. Se dijo que los permisos de portación de arma de fuego se encuentran en trámite y señalaron a la Fuerza de Civil de actuar de forma irresponsable ante el ambiente de inseguridad que vive la zona de Martínez de la Torre toda vez que los empresarios han contratado seguridad debido a que reconocen la incapacidad de las fuerzas policiacas locales.

Los empresarios de Martínez han señalado que, ante la incapacidad oficial, muchos han optado por la contratación de escoltas con permisos de portación de armas o, en algunos casos, con los permisos en trámite como el caso sucedido este lunes, mientras que otros han instalado  cámaras de vigilancia.

Los mismos empresarios llamaron a la Fuerza Civil a garantizar la paz y tranquilidad de las familias, pues el hostigamiento contra quienes cuentan con su propia protección, no abona en nada a las tareas de seguridad y, además, facilitan el actuar de criminales al hostigarlos y dejarlos sin protección.

Y es que la Fuerza Civil, lejos de combatir a los verdaderos criminales, sólo realiza labores que generan show y no abonan nada a las tareas de seguridad pública.

La pregunta que todos se hacen es si habrá informado el Secretario de Seguridad Pública al Gobernador del uso que el alcalde José de la Torre Sánchez le da a los policías estatales para hostigar a sus enemigos políticos en lugar de enfocarlos a combatir el creciente crimen organizado en esa región. Eso, mientras que los elementos de la Policía Municipal los ocupa para proteger a sus familias y a sus negocios.

Reflexión

Da la impresión de que se trata de una mala noticia, pero no. Los 600 elementos de la Gendarmería Nacional que llegaron hace un año a Coatzacoalcos habrían dejado la ciudad. Pues sí, para qué estaban ahí si no conocen lo que llaman la geografía delictiva, si no traen chamba de inteligencia, si ni idea tienen dónde están los criminales, para andar asoleándose trepados en las camionetas haciendo rondines inútiles. Pobres paisanos de Coatza, a puras ocurrencias los tienen. Escríbanos a [email protected] [email protected] www.formato7.com/columnistas